jueves, 3 de agosto de 2017

DISHABILIOFOBIA, ¿MIEDO A DESNUDARTE? (3)




La Dishabiliofobia es el miedo a desnudarse delante de otra persona. Puede ocurrir en lugares como los baños compartidos de un gimnasio, donde recurrirán a cualquier motivo para no tener que ducharse allí, como en un contexto mucho más íntimo como son las relaciones sexuales.

Las personas que padecen este tipo de fobia suelen ser mujeres en la mayoría de los casos y la causa principal es por la no aceptación de su cuerpo. Ya sea porque tienen o consideran que tienen sobrepeso, porque padecen alguna anomalía física, por algún tipo de marca o cicatriz, porque sus piernas o trasero tienen celulitis, por algún lunar… Y suele ser bastante común este miedo en hombres a los que se les ha extirpado un testículo o en mujeres que han perdido uno o ambos pechos.



En una sociedad en la que cada vez se rinde más culto al cuerpo, viene siendo muy habitual este tipo de pensamientos disconformes con nuestro aspecto físico. Son muchas las personas que no se aceptan y que ansían alcanzar unas medidas que sólo se consiguen con el Photoshop, sin embargo, así nos lo venden y así nos lo creemos, convirtiendo nuestra vida en una fuente de insatisfacción corporal porque hagamos lo que hagamos, nunca nos parece suficiente. “Puedo perder un poco más”, “He de tener mi cuerpo más tonificado”, “Tengo que eliminar estas arrugas”, “Nadie me va a querer con esta cara”…

Estos pensamientos, presentes en nuestro día a día, se hacen todavía más notorios durante las relaciones sexuales, situación en la que nos desnudamos física y emocionalmente y se convierten en un suplicio para estas personas que muestran tanta insatisfacción corporal. En lugar de poder disfrutar del sexo, adoptan lo que se conoce como el “rol del espectador”, por lo que están más pendientes de qué toca y qué mira la otra persona para asegurarse de que no es nada con lo que ellos/as están a disgusto. 

No permiten mostrarse porque tienen miedo de dejar de gustar a la otra persona, de que les dejen de querer… por lo que cada vez van poniendo más limitaciones a la relación sexual. Primero con la luz apagada, luego no me toques aquí, luego que si me dejo la camiseta puesta… y así, el sexo se convierte en un circuito de obstáculos que se han de ir sorteando. Sin embargo, ¿es esto placentero? Por supuesto que no. Aunque se cumplan todas las directrices marcadas, la persona con Dishabiliofobia no disfruta, no siente el placer que podría llegar a sentir porque no se deja llevar, porque así y todo, sigue estando pendiente de que no entre ningún rayo de luz, de no ponerse en determinada postura, de no moverse en exceso… por lo que el sexo termina siendo frustrante para ambos, puesto que para la otra persona tampoco resulta agradable vivir una relación sexual como si se tratara de un campo de minas en el que si se acerca o toca en algún punto prohibido, puede estallar el malestar del otro.

¿Qué podemos hacer en estos casos?

La clave principal está en trabajar la autoestima y la imagen corporal. Estas personas se maltratan físicamente por todas las exigencias corporales que se marcan pero también lo hacen psicológicamente, pues los mensajes que se dicen a ellas mismas y los pensamientos distorsionados al respecto, no hacen más que hundirlas y convertirlas en personas que no creen merecer el amor de nadie porque no tienen un cuerpo “perfecto”. “¿Cómo me van a querer con este enorme trasero? Nadie se fijará en mí.”

Distorsionan la realidad, magnifican sus defectos y minimizan sus virtudes, por lo que la balanza siempre se termina inclinando en su propia contra. Además, dado que sus defectos los consideran tan terribles, creen que los demás solo ven eso en ellas, por lo que su sentimiento de inferioridad es cada vez mayor, llegando incluso a evitar relacionarse con otras personas. Por tanto, trabajar esos pensamientos y tornarlos más racionales y realistas será otro de los objetivos a cumplir.

Por otro lado, ya que esa insatisfacción constante les hace estar nerviosas, tristes, alteradas, a la defensiva… es común que padezcan problemas de ansiedad, tanto en su día a día como en las relaciones sexuales en concreto, por lo que practicar y potenciar la relajación será una pieza clave en este proceso. Además, esto se irá enfocando también a las relaciones sexuales, a medida que sus pensamientos y su ansiedad estén más controlados, se irán haciendo aproximaciones al sexo sin poner limitaciones, empezando por algo que les pueda resultar más fácil e ir poco a poco eliminando cualquier obstáculo.

Finalmente, la nutrición y el ejercicio físico también se tendrán en cuenta, puesto que se trata de llevar una vida sana pero sin dietas estrictas ni convirtiendo el gimnasio en nuestra segunda casa. Hay que encontrar un equilibrio que nos permita disfrutar de la comida y del ejercicio sin vivirlo como una exigencia.


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